Linscapes: los paisajes esenciales de Maya Lin

Maya Lin

         La arquitecta y artista Maya Lin ha construido paisajes esenciales, y con su escultura geográfica ha representado la belleza y la fragilidad del planeta. Elevada a la notoriedad mediática cuando, todavía estudiante, ganó el concurso del Vietnam Veterans Memorial en Washington, la estadounidense de origen chino ha sabido resistir el torbellino de la celebridad para producir una obra de ejemplar compromiso con la integridad artística, los valores cívicos y la sensibilidad medioambiental. Siempre en la frontera entre diferentes disciplinas, Lin extrae su inspiración de la naturaleza y de la cartografía, pero también de la arquitectura del paisaje, del land art o del minimal para realizar arte público y objetos escultóricos monumentales e íntimos a la vez. Inevitablemente asociada a los memoriales, la artista ha sido sin embargo capaz de evitar el encasillamiento en ese territorio lírico y solemne para trazar una ruta creativa de singular valor pedagógico y excepcional emoción estética, que utiliza herramientas de la ciencia y procedimientos de la escultura con el propósito de incrementar la conciencia colectiva de nuestra responsabilidad respecto al medio natural, soporte de la vida física, pero también de trascendentes experiencias espirituales.

          Los padres de Maya Lin —Henry Huan Lin y Julia Chang Lin— emigraron a Estados Unidos tras la victoria de Mao Zedong y la implantación en China del régimen comunista en 1949, de manera que la formación de la artista, nacida en 1959, fue completamente norteamericana. La circunstancia azarosa de que unos tíos suyos, Lin Huiyin y su marido Liang Sicheng —que nunca conoció, y de cuya existencia sólo tuvo noticia ya adulta— fueron unos importantes arquitectos e historiadores, introductores de la modernidad en China y autores de la Plaza de Tiananmen, es poco significativa, y difícilmente justifica que se haya hablado del poder de la genética en el desarrollo de su creatividad, porque llevara «monument-making in her genes», pese a lo cual la biografía de Maya Lin publicada en 2011 por Donald Langmead les dedica un capítulo completo. Más importante fue la influencia de su padre ceramista y profesor, que le permitió crecer en un entorno doméstico de refinada simplicidad, y sobre todo sus estudios en la Universidad de Yale —donde por cierto también se habían formado sus tíos— que la dotaron de una sólida educación humanística y técnica, decantándose finalmente por la arquitectura (frente a sus iniciales intereses en la zoología y el mundo natural), al juzgar que esta disciplina le permitiría reconciliar su curiosidad científica con su temprana pulsión artística.

          En Yale, Lin fue alumna del arquitecto-escultor Kent Bloomer, del filósofo Karsten Harris o del mítico historiador Vincent Scully, y fue en el curso de Proyectos de Andrus Burr, dedicado a la arquitectura funeraria, donde diseñó el memorial que la llevaría a la fama, tras ganar un concurso al que se presentaron más de 1.400 propuestas. Apenas un corte en forma de V en el terreno, marcado por dos muros de granito oscuro grabados con los nombres de los soldados, el Vietnam Veterans Memorial es sin embargo una obra maestra de la arquitectura conmemorativa, alejada de la retórica monumental de otros memoriales del Mall de Washington, pero no menos capaz de provocar una emoción profunda y sosegada. Los críticos vieron en él la influencia del land art de Robert Smithson o Michael Heizer y la sensibilidad minimalista de Richard Serra o Carl Andre (pero curiosamente no la del escultor, jardinero y poeta Ian Hamilton Finlay), mientras la propia autora ha mencionado la impresión que le causó por entonces el Memorial de Edwin Lutyens en Francia a los caídos en la batalla del Somme, o el de Woolsey Hall, en la misma Yale, dedicado a los graduados de la Universidad víctimas de diferentes guerras. Es seguro que, como en todas las grandes obras, las referencias y vínculos podrían multiplicarse; sin embargo, lo sustancial estaba ya en el panel del concurso, con la explicación manuscrita, los dibujos al pastel y el pequeño plano con los lados de la V señalando hacia los monumentos de Washington y Lincoln.

          No es fácil sobrevivir a un éxito y a un protagonismo público como el que se precipitó sobre ella cuando todavía no se había colegiado, pero Maya Lin, tras inaugurar en 1982 el Memorial, inició un itinerario testarudo en el que se mantiene hasta hoy, una ruta que es más propiamente artística que arquitectónica, al encontrar difícilmente compatible con su carácter el ejercicio estrictamente profesional. Así realizaría obras tan intemporales como la Capilla de la Paz en Huntington de 1989, un rotundo círculo megalítico en la pradera de un college; memoriales urbanos tan exactamente documentales y materialmente exquisitos como el de los Derechos Civiles en Montgomery de 1989 o The Women’s Table en Yale de 1993, dos mesas pétreas bañadas por el agua e inscritas con fechas, cifras y leyendas significativas; y realizaciones paisajísticas tan sugerentes como el vítreo Groundswell del Centro Wexner en Columbus de 1993 o el topográfico Wave field de la Universidad de Michigan en Ann Arbor de 1995, dos proyectos artísticos que abrirían una nueva etapa en su trayecto, cada vez más centrado en la dimensión geográfica, y en la representación de la naturaleza —con una sensibilidad próxima a la de la escultora Cristina Iglesias— mediante maquetas de piedra o madera, esculturas pixeladas y cartografías tridimensionales.

          Reconocida ya como artista, en 1995 llegaría la película de Freida Lee Mock, Maya Lin. A Strong, Clear Vision, que obtendría ese año el Premio de la Academia al mejor documental, y en 2000 publicaría Boundaries, una explicación razonada de su obra completa, bellamente diagramada e ilustrada, donde se muestra la inteligencia analítica de una autora que dice trabajar en los límites: «entre la ciencia y el arte, el arte y la arquitectura, lo público y lo privado, oriente y occidente, siempre procurando encontrar un equilibrio entre estas fuerzas opuestas». Pero el conocimiento nuevo emerge precisamente, como el magma terrestre, en las fracturas de encuentro entre las placas tectónicas, y allí reside el arte de Lin, que durante las últimas décadas ha representado escultóricamente el planeta —las cordilleras y los glaciares, el fondo de los océanos, los mares interiores o las cuencas de los grandes ríos— para hablarnos de su vulnerabilidad, y que ha diseñado su último memorial como un sitio en la red —What is missing?— que es en efecto un grito de alarma silencioso sobre la extinción de la diversidad y la vida: un manifiesto elocuente y mudo que cierra el círculo abierto por su memorial de Vietnam, una herida elegíaca cuya huella se advierte incluso en el reciente memorial del 11-S —construido por el joven arquitecto Michael Arad tras vencer en un concurso de cuyo jurado formó parte Lin—, y una herida que la artista ha extendido de los conflictos bélicos, de raza y de género al más amplio territorio del planeta que todos habitamos, lacerado hoy por la especie humana y acaso susceptible de rescate por la conciencia crítica que el arte de Lin propone.

                                                                                     Luis Fernández-Galiano

No dejéis pasar la oportunidad de ver sus obras en vivo! Tenemos hasta el 1 de Noviembre y el tiempo pasa más rápido de lo que parece!

Link a la exposición…

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