Exposiciones de la semana: Pontormo, Picasso

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Cuatro siglos separan a Jacopo Pontormo de Pablo Picasso, pero unos segundos de ascensor os permitirán comparar los trazos maestros de ambos si visitáis las exposiciones -de acceso gratuito- que os proponemos esta semana y que comparten la sede de la Fundación Mapfre en el nº 23 del Paseo de Recoletos.

Pontormo -llamado así por su lugar de nacimiento- fue aprendiz con Leonardo da Vinci y con Andrea del Sarto, y acusó la influencia de Durero y Miguel Ángel. De carácter introvertido, obsesivo y enfermizo, que le convirtió en una especie de precursor del arquetipo del artista moderno, se convirtió en sus años de madurez en el más importante pintor florentino y uno de los maestros indiscutibles del manierismo. La exposición sólo muestra dibujos, que, en su mayor parte, representan el volumen, movimiento y expresión corporales; como parte de la conmemoración del 520 aniversario de su nacimiento, es complementaria de la pictórica que se abrirá a partir de marzo en el florentino Palazzo Strozzi.

Los dibujos cobran autonomía respecto a las obras de las que son trabajos preparatorios para mostrar la evolución del estilo del pintor florentino. En el interesante panel que cierra la exposición, Dorothea Rockburne destaca el tratamiento de los ojos, oscuros y profundos, de los que parece colgar el resto del dibujo, y la capacidad de Pontormo para proyectar las emociones.

El trazo elegante, extenso, fluido de la sanguina renacentista contrasta con la pulsión nerviosa del lápiz de Picasso expuesta, junto con los lienzos que componen el grueso de la muestra, en las salas superiores bajo el título de Picasso en el taller.

La exposición recoge en más de ciento cincuenta obras la importancia, en la vida de Picasso, de los sucesivos talleres que fue ocupando para abordar su extensa producción. Se estructura en torno a temas recurrentes: el paisaje interior del propio taller, la modelo y su relación con el pintor, la irrupción de la guerra… que dan la oportunidad de apreciar cómo el artista retoma el mismo motivo bajo diferentes aproximaciones, o su libertad creativa en el tratamiento del mismo objeto -los pichones, por ejemplo- de diversas maneras en un mismo lienzo. Incluso en los óleos, la prevalencia del trazo dibujado -con brochazos anchos y densos- es patente en muchas de las obras.

Ambas exposiciones muestran la potencialidad del dibujo como herramienta del pensamiento y su capacidad de expresión de sentimientos y emociones. En comparación con la obra pictórica terminada, de la cual son normalmente estudios o ensayos, los dibujos tienen mayor capacidad de expresión de las ideas o impulsos, de la intención del autor. Y esta capacidad convierte esta disciplina en un sólido soporte del trabajo del arquitecto.

 

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